Se cumple un aniversario más del natalicio de Juan Bautista Alberdi
29 Agosto 2008 Biblioteca, Cultura
El 29 de agosto se recuerda un nuevo aniversario del nacimiento de Juan Bautista Alberdi, uno de los más lúcidos pensadores argentinos.
El autor de “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”, fuente que inspiró a los Constituyentes de 1853 para sancionar nuestra Constitución Nacional, nace en la emblemática ciudad de Tucumán, el día 29 de agosto de 1810.
En 1816, mientras comenzaba a sesionar el Congreso de Tucumán, Alberdi ingresaba a la escuela primaria que había fundado Manuel Belgrano.
En 1824, con 14 años, ingresó en el Colegio de Ciencias Morales de la ciudad de Buenos Aires. Algunos de sus ilustres compañeros fueron Vicente Fidel López, Antonio Wilde y Miguel Cané -el padre del autor de Juvenilia- con quien comenzará una profunda amistad.
Alberdi no soportaba el régimen disciplinario del colegio, que incluía encierros y castigos, y le pidió a su hermano que lo sacara de allí. Dejó momentáneamente los estudios formales, pero no la lectura de pensadores europeos. Mientras trabaja como empleado en una tienda, leía apasionadamente a Rousseau, estudiaba música, componía y daba conciertos de guitarra, flauta y piano para sus amigos.
En 1831, retomó sus estudios, ingresó a la Universidad de Buenos Aires en la carrera de Leyes. En 1832, escribió su primer libro: “El espíritu de la música”. Fue en Córdoba, donde se gradúa de Bachiller en Leyes.
En 1834, regresó a su provincia y escribió “Memoria descriptiva de Tucumán”.
Desde 1832, un grupo de jóvenes intelectuales venía reuniéndose en la librería de Marcos Sastre. Alberdi se incorporará a este grupo, compuesto, entre otros, por Juan María Gutiérrez y Esteban Echeverría, que fundará el 23 de agosto de 1835 el Salón Literario, un verdadero centro cultural y de difusión de las nuevas ideas políticas, vinculadas al romanticismo europeo.
En 1837, Alberdi publicó una de sus obras más importantes “Fragmento Preliminar al estudio del Derecho”, donde hacía un diagnóstico de la situación nacional y sus posibles soluciones.
Durante ese mismo año, se inició en el periodismo con la publicación de La Moda, gacetín semanal de música, poesía, literatura y costumbres. Aparecieron 23 números y en sus artículos, Alberdi, que firmaba bajo el seudónimo de “Figarillo” intentaba burlar a la censura del rosismo y dejaba deslizar frases como esta: “los clamores cotidianos de la tiranía no podrán contra los progresos fatales de la libertad”.
En junio de 1838 junto a Esteban Echeverría y Juan María Gutiérrez funda la Asociación de la Joven Generación Argentina, siguiendo el modelo de las asociaciones románticas y revolucionarias de Europa. Este grupo de intelectuales pasará a la historia como la “Generación del 37″.
La mazorca, la policía secreta de Juan Manuel de Rosas, comenzó a vigilar de cerca las actividades de la Asociación y comenzó la persecución. Alberdi optó por exiliarse en Uruguay, dejando en Buenos Aires un hijo recién nacido y varios amores inconclusos.
Llegó a Montevideo en noviembre de 1838. Allí se dedicará al periodismo político colaborando en diversas publicaciones antirrositas como El Grito Argentino y Muera Rosas. De ese período son también sus dos obras de teatro: “La Revolución de Mayo” y “El Gigante Amapolas”, una sátira sobre Rosas y los caudillos de la guerra civil.
En mayo de 1843, partió con Juan María Gutiérrez hacia Génova pero con destino final París, llegó en septiembre y visitó al General San Martín con quien mantuvo dos prolongadas entrevistas. Quedó muy impresionado por la sencillez y la vitalidad del viejo general, que lo abrumó con preguntas sobre la patria.
A fines de 1843, decidió regresar a América para radicarse, como Sarmiento, en Chile, donde vivió durante 17 años.
Al enterarse del triunfo de Urquiza sobre Rosas en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, escribió en pocas semanas de trabajo afiebrado una de sus obras más importantes: “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”, que publicó en mayo de ese año en Chile y reeditó en julio acompañándola de un proyecto de Constitución. Se lo envió a Urquiza, quien le agradeció su aporte en estos términos: “Su bien pensado libro es, a mi juicio, un medio de cooperación importantísimo. No ha podido ser escrito en una mejor oportunidad.” La obra será uno de las fuentes de nuestra Constitución Nacional sancionada el 1º de mayo de 1853.
Mientras que Sarmiento había abandonado Chile para sumarse al Ejército Grande de Urquiza, Alberdi permaneció en Valparaíso, atento a los problemas argentinos. Sarmiento regresó al poco tiempo desilusionado con Urquiza y acusando a Alberdi de ser su agente en Chile. Alberdi lo calificó de “caudillo de la pluma” y “producto típico de la América despoblada” y se decidió a colaborar con el proyecto de la Confederación de Urquiza. El gobierno de Paraná lo nombró “Encargado de negocios de la Confederación Argentina” ante los gobiernos de Francia, Inglaterra, el Vaticano y España. Antes de partir hacia su misión diplomática escribió: “Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina” y “De la integridad argentina bajo todos los gobiernos”.
El 15 de abril de 1855, partió finalmente hacia Europa. Pasó primero por los Estados Unidos donde se entrevistó con el presidente Franklin Pierce. Luego pasó a Londres, donde conoció a la reina Victoria y, finalmente, a París, donde se radicaría por 24 años.
En 1858, se entrevistó en España con la reina Isabel II y consiguió el reconocimiento de la Confederación.
El 17 de septiembre de 1861, Mitre derrotaba a Urquiza en Pavón y ponía fin al proyecto de la Confederación. Alberdi fue despedido por Mitre de su cargo y reemplazado por Mariano Balcarce.
La situación de Alberdi no podía ser peor. Se le adeudaban dos años de sueldos como embajador y el nuevo gobierno se negaba a pagárselos y mucho menos a pagar su viaje de regreso. Comentó entonces: “el mitrismo es el rosismo cambiado de traje.”
Tuvo que quedarse en París. Sus únicos y escasos ingresos provenían del alquiler de una propiedad en Chile.
Al producirse la Guerra del Paraguay, conducida desde la Argentina por Mitre, Alberdi - como José Hernández y Guido Spano - apoyó decididamente la causa paraguaya y acusó a Mitre de llevar adelante una “Guerra de la Triple Infamia” contra un pueblo progresista y moderno. Escribirá entonces: “Si es verdad que la civilización de este siglo tiene por emblemas las líneas de navegación por vapor, los telégrafos eléctricos, las fundiciones de metales, los astilleros y arsenales, los ferrocarriles , etc., los nuevos misioneros de civilización salidos de Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, San Juan, etc., etc., no sólo no tienen en su hogar esas piezas de civilización para llevar al Paraguay, sino que irían a conocerlas de vista por la primera vez en su vida en el “país salvaje” de su cruzada civilizadora”.
En 1872, bajo la profunda impresión que le produjo la derrota paraguaya en el conflicto y sus secuelas en la población, escribió “El Crimen de la Guerra” donde dice: “De la guerra es nacido el gobierno militar que es gobierno de la fuerza sustituida a la justicia y al derecho como principio de autoridad. No pudiendo hacer que lo que es justo sea fuerte se ha hecho que lo que es fuerte sea justo”.
Al concluir el mandato Mitre, en 1868, asumió Sarmiento y las cosas no mejoraron para Alberdi, que debió seguir postergando su regreso. No podrá hacerlo hasta 1879 cuando una alianza entre Roca y Avellaneda lanzó la candidatura de Alberdi a diputado nacional. Llegó a Buenos Aires el 16 de septiembre de ese año. A poco de arribar se le brindó una recepción de honor en la Universidad en la que fue aclamado por los estudiantes. Por esos días, se entrevistó con el presidente Avellaneda y con el ministro del Interior: Domingo Faustino Sarmiento. Todo parece indicar que el encuentro fue cordial en un clima de reconciliación. El diario El Nacional comentó: “sus luchas tenaces y ardientes polémicas eran las de dos enamorados de una misma dama, nada menos que la patria”.
Pero más allá de estas grandes satisfacciones, Alberdi se había ganado en estos años enemigos poderosos como el General Mitre, que no le perdonaba su campaña a favor del Paraguay y sus acusaciones de falsear la historia y de compararse con San Martín y Belgrano, lanzadas en su obra “Grandes y Pequeños Hombres del Plata”.
Alberdi tuvo una participación decisiva en los debates parlamentarios sobre la Ley de Federalización de Buenos Aires, que le dio finalmente una Capital Federal a la República Argentina en 1880.
Cuando el nuevo presidente electo en 1880, Julio A. Roca quiso que el Estado argentino publicase las obras completas de Alberdi, Mitre lanzó, desde las páginas de La Nación, una feroz campaña en contra del proyecto que terminó por ser rechazado por los senadores que también rechazaron su nombramiento como embajador en Francia.
Alberdi, cansado y un tanto humillado decidió alejarse definitivamente del país. Partió rumbo a Francia el 3 de agosto de 1881 confesándole a un amigo: “lo que me aflige es la soledad”. Murió en Nueilly-Sur-Seine, cerca de París, el 19 de junio de 1884.














