El 17 de agosto se conmemora el 160º Aniversario de la muerte del General Don José de San Martín
9 agosto 2010 Cultura, Institucionales
El próximo martes 17 de agosto se conmemora el 160° Aniversario del paso a la inmortalidad del General José Francisco de San Martín. El acto oficial de la Embajada tendrá lugar el mismo 17 de agosto frente al nuevo emplazamiento de su monumento en la ciudad de Asunción, Avenida Santa Teresa y Calle Última, a partir de las 9,30 horas.
Breve biografía del General José de San Martín
José de San Martín, nació en Yapeyú, un villorrio de lo que habían sido las misiones jesuíticas y con apenas siete años regresó a España. Tal como sus hermanos, se hace militar. Su carrera es brillante y lo que fascina es que paralelamente a su actuación militar desarrolla un proceso de recuperación de identidad americana que es casi una elección. Luego de los tres siglos de colonización, maduraría la idea extraordinaria de emancipar un continente. Los criollos, esa estirpe de españoles-americanos, serían los protagonistas de la revolución de la independencia.
Como otros, con otros, se suma a las logias que asocian el americanismo con la causa iluminista de la libertad. Rescató las particularidades, en la forma de respeto a las culturas locales, y exaltó las similitudes, afinidades y el bagaje de luchas comunes de los pueblos latinoamericanos como base de la gesta emancipadora. Intuyó que la causa americana era construir un futuro común, en unión y libertad, solidario e integrado desde las diferencias. La pasión que aquejaba a José de San Martín era la de la libertad, que en su madurez asoció al ámbito elegido para sus sueños: el destino americano.
De los años de su vida, tres cuartas partes transcurrieron en Europa; allí fue joven, allí fue viejo. Pero en América fue niño y hombre maduro; jugó y soñó primero, peleó y engendró después. Hasta el último de sus días en el destierro francés vivió pendiente de las tan desunidas Provincias Unidas del Río de la Plata, y siempre más allá de las efímeras fronteras porque -lo repetiría- “mi Patria es América”.
El 17 de agosto de 1850 A las tres de la tarde, “el viejo guerrero de los Andes”, tras una breve agonía asumida en tranquilidad y lucidez, entró en la inmortalidad. Atrás quedaba un exilio voluntario iniciado en febrero de 1824, junto a su hija Mercedes, de sólo 7 años. En su cuarto se despidió de los recuerdos de su epopeya libertadora de medio continente, y no tuvo ninguna expresión de rencor para aquellos ingratos que lo habían difamado.
Un siglo y medio después continuamos valorando no sólo sus rasgos militares, cívicos y morales, sino también su perfil humano, nos legó este ejemplo de convivencia entre los hombres, su pasión por la cultura y la educación, su respeto por los derechos individuales sin discriminación de credo ni raza.
Su testamento, redactado el 23 de enero de 1844, en París, evidencia en sólo ocho cláusulas su grandeza moral. La declaración de su última voluntad la hizo “En el nombre de Dios todopoderoso…”, y en primer lugar pensó en su única hija, Mercedes. Luego su pensamiento regresó al Perú y a la ciudad de Buenos Aires. Al país hermano lo tiene presente en su deseo póstumo de “que el estandarte que el bravo español don Francisco Pizarro tremoló en la conquista del Perú, sea devuelto a esta república (a pesar de ser una propiedad mía)…”. San Martín había vivido en el Perú sólo dos años. Otra cláusula dispone: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al general de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas…”.
Su grandeza moral quedó expresa cuando pidió: “Prohíbo que se me haga ningún género de funeral, y desde el lugar en que falleciere se me conducirá directamente hasta el cementerio, sin ningún acompañamiento, pero sí desearía que mi corazón fuese depositado en el de Buenos Aires”. ¡En Buenos Aires!, ciudad en la que vivió menos de cuatro años y a la que sus restos tardarían décadas en llegar.
Autor/es: Cultura, General D. José de San Martín














