Este 10 agosto se conmemora el Día de la Fuerza Aérea Argentina, una fecha que reviste de significación ya que se celebran cien años de servicio a la Nación Argentina. Es importante resaltar las circunstancias históricas que  llevaron a conquistar el cielo argentino, de manera gloriosa.

Las alas de la Patria levantaron vuelo mucho antes de aquel 10 de agosto de 1912, cuando por decreto firmado por el entonces Presidente de la Nación, Roque Sáenz Peña, se creaba la Escuela de Aviación Militar en los campos de El Palomar. Jorge Newbery, el primer ídolo popular que por fuera de la política daba a luz la sociedad argentina, captaba las miradas de una sociedad porteña que, deslumbrada por los beneficios del progreso de principios del siglo XX, gozaba de los avances tecnológicos de época e imaginaba un futuro venturoso al abrigo del modelo europeo.

El subterráneo, las primeras comunicaciones remotas, el glamour de las clases pudientes porteñas marcaban ésta época junto con la irrupción de la aviación, que implicaba dominar el único medio extraño al hombre hasta ese momento: el aire.

Jorge Newbery, inspirado por las proezas de otro pionero continental en la materia, Santos Dumont, se puso a la cabeza del desarrollo de la incipiente actividad aeronáutica. Su carismática personalidad fue un faro para los jóvenes de aquella época, no sólo por el desarrollo de la aviación argentina sino también por su proyección como impulsor del deporte a nivel nacional. Fue muy amigo del pionero de la aviación paraguaya, Silvio Pettirossi, con quien compartió un entrañable amor por la actividad aérea. No sólo compartieron ese sentimiento común, además, la muerte los abrazó de similar manera por sendos accidentes aéreos en su juventud con una diferencia de sólo un par de años.

Por ello, cuando el monoplano Morane Saulnier que tripulaba el numen aeronáutico en los cielos de Mendoza se precipitaba a tierra, un 1° de marzo de 1914, era la confirmación que la aviación estaba en su apogeo.

La aviación militar argentina, que nace ese 10 de agosto de 1912, crece y se desarrolla como un arma del Ejército Argentino, hasta que madura y obtiene su independencia una vez que su desarrollo y grado de evolución lo justifican.

En 1944, se confiere al Brigadier Humberto de la Colina, la responsabilidad de crear la Fuerza Aérea Argentina a partir del Comando de Aviación del Ejército, hito histórico que se plasma el 4 de enero de 1945. La bonanza económica de la Argentina de posguerra auguró un promisorio futuro para la fuerza. Al cabo del conflicto bélico mundial, uno de los científicos que habían desarrollado la tecnología de punta de la maquinaria bélica alemana, el ingeniero Kurt Tank, emigró con su séquito de científicos a la Argentina, en donde volcó todo su bagaje tecnológico para el desarrollo del primer avión a reacción latinoamericano, el Pulqui I y, con posterioridad, el Pulqui II. La transmisión de conocimientos de esos científicos y sus servicios crearon un polo industrial y tecnológico sin precedentes en la ciudad de Córdoba: la Fábrica Militar de Aviones.

Las décadas pasaron y, con ellas, la Fuerza Aérea Argentina se fue modernizando al ritmo de las exigencias que los distintos escenarios demandaban. Hasta que el toque de clarín que pusiera a prueba el temple de sus hombres llegó un 2 de abril de 1982, cuando tras la noticia de la recuperación de nuestras islas Malvinas puso de manifiesto que aquella preparación no había sido en vano.

Un puente aéreo intenso entre el continente y las islas marcó la primera de las exigencias que la aeronáutica militar cumplió con creces; el desplazamiento de 50.000 hombres y 15.000 toneladas de carga a lo largo de todo el conflicto así lo prueban. La segunda de las exigencias fue la plasmada en el combate a partir del 1° de mayo, fecha en la que se recuerda el bautismo de fuego de la fuerza. La temeridad de los pilotos argentinos burló la brecha tecnológica que nos separaba del adversario y, en muchos casos, lo logró, infligiéndole pérdidas irreparables.

Los nuevos tiempos imponen un período de acción conjunta y combinada como una necesidad fundamental de la operación militar, el cambio de escenarios, la previsión de escenarios futuros y la transnacionalidad de las nuevas amenazas son las nuevas tareas de la Fuerza. De este modo, estos nuevos tiempos también han redefinido el rol de las Fuerzas Armadas del cual la Fuerza Aérea forma parte.

Las operaciones de paz, la asistencia humanitaria y el apoyo a la comunidad han pasado a ocupar un lugar central en el concierto de las funciones que la institución armada debe cumplimentar. En ese contexto, Fuerza Aérea Argentina celebra este centenario con cuadros desplegados en el Medio Oriente, Chipre y Haití, orgullosa de su presente y de cara a un futuro en el que deberá dar respuesta a las exigencias que se planteen.

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